Seychelles: viajar, mirar y descubrir qué queda fuera de la fotografía
Hay lugares con los que sueñas durante tantos años que, cuando por fin llegas, llevas contigo una imagen creada mucho antes de haber puesto un pie allí. Para mí, Seychelles era uno de esos lugares.
Durante ocho años trabajé para Viajes National Geographic. No viajaba haciendo reportajes —ojalá hubiera tenido esa suerte—, pero de alguna manera viajaba cada día desde casa. Por mis manos pasaban destinos increíbles y las fotografías de algunos de los mejores fotógrafos de viajes. Aquello fue educando mi mirada casi sin darme cuenta y alimentando unas ganas enormes de conocer mundo.
Supongo que también viene de familia. Mi padre, periodista y fotógrafo, sí tuvo la oportunidad de viajar muchísimo por trabajo y colaborar con revistas de viajes. Cuando yo era pequeña regresaba a casa con historias y fotografías de lugares que me parecían imposibles. Seychelles fue uno de ellos. Recuerdo ver aquellas imágenes hace más de cuarenta años y pensar que algún día quería estar allí.
Este verano, finalmente, he estado. Y Seychelles me ha parecido absolutamente espectacular. Pero también me ha hecho pensar mucho.
¿Qué significa viajar hoy?
Cada vez me cuesta más encontrarme con tanta gente en todas partes, aunque la contradicción es evidente: yo también estoy allí. Tengo exactamente el mismo derecho que cualquiera a coger un avión, llegar a una isla y querer conocerla. Sería absurdo pretender buscar lugares maravillosos y encontrarlos vacíos únicamente para mí.
El mundo ha cambiado. Somos más, viajamos más y tenemos muchísima más información. Llegar a lugares que hace cuarenta años parecían remotos ahora puede ser cuestión de unos cuantos clics. Pero quizá lo que me inquieta no es tanto la cantidad de gente como la manera en la que estamos viajando.
Para mí, viajar siempre ha significado entrar, aunque sea durante unos días, en otra realidad. Ver cómo vive la gente, escuchar, preguntar, conocer otras costumbres, entender un poco su historia y descubrir otras formas de hacer las cosas. Viajar tiene sentido cuando vuelves a casa con la cabeza un poco más abierta que cuando te fuiste.
Por eso siento que algo se pierde cuando los destinos empiezan a construirse alrededor de lo que el turista espera encontrar. Cuando aparecen actividades, espacios y experiencias pensadas exclusivamente para ofrecer aquello que sabemos que el visitante quiere fotografiar, enseñar y consumir, el lugar empieza poco a poco a convertirse en un escenario. Y entonces me pregunto dónde termina el viaje y dónde empieza el decorado.
Porque una fotografía puede mentir muchísimo
Esto lo sé especialmente bien porque soy fotógrafa. Puedo enseñaros unas Seychelles absolutamente paradisíacas: playas prácticamente vacías, agua turquesa, palmeras, rocas imposibles, mujeres maravillosas y una naturaleza exuberante. Todo eso es real.
Pero una fotografía también es una elección. Decidimos hacia dónde miramos, qué dejamos dentro y qué dejamos fuera. Esperamos unos segundos para que alguien salga del encuadre, cambiamos ligeramente nuestra posición, buscamos una determinada luz y de repente parece que hemos estado solas frente al paraíso.
Quizá por eso cada vez me interesa menos enseñar simplemente qué bonito era un lugar y más intentar entender qué había detrás de él. Seychelles es, sin ninguna duda, uno de los destinos más impresionantes que he conocido. Sus playas son difíciles de explicar hasta que estás delante de ellas. Ese turquesa, las rocas de granito, la vegetación llegando prácticamente hasta el mar… Hay lugares que parecen haber sido diseñados para ser fotografiados.
Pero Seychelles no son solo sus playas. Y ahí fue donde el viaje empezó a interesarme todavía más.
Mirar un poco más allá
Hace apenas unas décadas que Seychelles consiguió su independencia. Antes estuvieron los franceses, después los británicos. Hubo esclavitud, colonización y una mezcla de pueblos y culturas que ayuda a entender la sociedad criolla que existe hoy.
Cuando empiezas a leer, preguntar y escuchar, aquellas islas dejan de ser únicamente ese paraíso del Índico que vemos en Instagram y empiezan a tener capas. Y a mí esas capas me fascinan.
Me quedo, por ejemplo, con las conversaciones. Con las personas que conocimos y con la posibilidad de acercarnos durante un rato a una Seychelles que no aparece en los folletos turísticos. En Mahé, en nuestra última villa, estuvimos hablando con el hombre que la llevaba, que había formado parte de la armada. Nos contó parte de su vida, de su país y de cómo habían cambiado las islas. Recuerdo pensar que aquello también era viajar.
Quizá, para mí, cada vez lo sea más. No necesito únicamente llegar a la playa más famosa. Necesito saber quién vive detrás de esa playa.
Las Seychelles que encontraron mis padres ya no existen
Y tampoco sería justo esperar encontrarlas. Han pasado más de cuarenta años desde aquellas fotografías que vi siendo niña. Ha habido progreso, crecimiento, turismo, hoteles, carreteras, teléfonos móviles, redes sociales… Ha cambiado Seychelles y hemos cambiado nosotros.
No quiero caer en esa nostalgia fácil de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero sí regreso preguntándome cómo quiero viajar a partir de ahora, porque quiero seguir haciéndolo muchísimo. Todavía hay decenas de lugares del mundo que sueño conocer. Me sigue emocionando mirar un mapa y me sigue fascinando llegar a un lugar donde todo funciona de una manera diferente a la mía.
Lo que quizá ya no quiero es viajar simplemente para ir tachando lugares de una lista. Quiero intentar ir más despacio, mirar más, hablar más, entender dónde estoy y, sobre todo, distinguir el lugar real del lugar que hemos construido para el turista.
No sé si siempre será posible. Pero Seychelles me ha dejado esa pregunta. Y me gustan los viajes que, además de fotografías, me dejan preguntas.
Volver
Os dejo algunas de las imágenes que hice durante estos días. Paisajes, pequeños rincones y algunas de las mujeres maravillosas que se cruzaron conmigo y que me permitieron fotografiarlas. Personas que, seguramente, forman parte de lo que más recordaré de este viaje.
Son mis Seychelles. No todas las Seychelles. Solo aquellas hacia las que yo decidí mirar.
Y después de tantos años soñando con llegar hasta allí, ha sucedido algo que quizá no esperaba. He vuelto feliz. Feliz de haber cumplido aquel sueño de la niña que miraba las fotografías de su padre pensando que algún día estaría allí, pero también muy feliz de volver a casa.
Porque después de recorrer medio mundo buscando lugares extraordinarios, regresar y sentir que el paraíso también está en casa me parece uno de los mayores privilegios que existen. Y quizá significa que, después de todo, no he hecho tan mal las cosas.
Si algo une mis fotografías de viajes y mi trabajo en el estudio es precisamente la manera de mirar. Los lugares cambian y las personas también, pero mi trabajo siempre parte de lo mismo: detenerme delante de lo que tengo y preguntarme qué quiero contar de ello.
Puedes conocer aquí mi trabajo como fotógrafa y descubrir las diferentes experiencias que realizo en mi estudio de La Garriga, Barcelona.
Viajar · Mirar · Entender
SEYCHELLES: MIRAR MÁS ALLÁ DEL PARAÍSO
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