Cumplir 50 y querer verte: una sesión de fotos para ti
Hace poco fotografié a una mujer de 50 años. La sesión se la habían regalado y, después de vivirla, ya quiere hacerse otra.
Me pareció maravilloso.
No porque necesitara más fotografías, sino porque descubrió algo que muchas mujeres no esperan encontrar cuando se ponen delante de una cámara: la sensación de reconocerse desde otro lugar.
Y esta historia me hizo pensar muchísimo en todas las veces que dejamos pasar los años esperando un supuesto momento perfecto.
Cuando adelgace. Cuando esté más en forma. Cuando tenga el pelo mejor. Cuando me vea menos cansada. Cuando tenga más tiempo. Cuando me sienta preparada.
Siempre parece existir una versión futura de nosotras que, en teoría, merecerá más que la de hoy aparecer en una fotografía.
Pero mientras esperamos, la vida pasa.
Mirar las fotografías de hace veinte años
Ahora tengo 52 años y hay veces que miro fotografías mías de hace veinte años y pienso: pero si estaba divina.
Y lo curioso es que recuerdo perfectamente que entonces yo no siempre me veía así.
Probablemente dentro de veinte años miraré una fotografía de hoy y pensaré exactamente lo mismo.
Por eso cada vez tengo más claro que el problema nunca fue aquel cuerpo, aquella cara o aquella edad. El problema era nuestra manera de mirarnos.
Y quizá una de las cosas más bonitas de cumplir años sea precisamente empezar a entenderlo.
Lo que aparece alrededor de los 50
Cuando hablo de los 50, en realidad podría estar hablando de los 45, los 48, los 52 o los 57. No me interesa tanto el número como el momento vital.
Hay una etapa en la que empiezan a cambiar muchísimas cosas. El cuerpo cambia, las prioridades cambian, algunas relaciones cambian y también cambia nuestra percepción del tiempo.
Hay cosas que desaparecen, sí. Pero aparecen otras.
Aparece, muchas veces, una necesidad mucho más clara de vivir desde un lugar propio. De saber qué quieres. De entender qué ya no te interesa. De elegir mejor dónde pones tu tiempo y con quién.
Empiezas a darte cuenta de que gran parte de las cosas que a los treinta parecían enormes ahora resultan bastante pequeñas.
Y en medio de todos esos cambios aparece algo que a mí me parece maravilloso: una forma distinta de libertad.
Dejar de esperar para verte
Una sesión de mujer, para mí, empieza exactamente ahí.
No empieza en el vestido ni en el maquillaje. Empieza en permitirte ser protagonista durante unas horas. Esto parece muy sencillo, pero para muchísimas mujeres no lo es.
Durante años nos fotografiamos con los hijos, con la pareja, en cumpleaños, en vacaciones y en reuniones familiares. Organizamos, pensamos en todos, hacemos repetir la foto hasta que los demás salen bien y muchas veces nosotras quedamos detrás de todo eso.
Una sesión de mujer cambia completamente el orden.
Ese día eres tú.
Y para algunas mujeres eso supone algo mucho más profundo de lo que imaginaban.
No hace falta ser modelo
Una de las frases que más escucho es: “Yo no sé posar”.
Y me hace gracia porque, en realidad, no necesito que sepas hacerlo. No estoy buscando modelos. Estoy buscando mujeres.
Mujeres con historia, con personalidad, con cuerpos reales, con inseguridades, con gestos y con una manera determinada de estar en el mundo. Mi trabajo es saber mirar y saber dirigir.
Decirte cómo colocar una mano, cómo girar el cuerpo, cuándo moverte, cuándo quedarte quieta, cuándo respirar, cuándo dejar de pensar.
Una buena sesión de retrato femenino no debería pedirte que llegues sabiendo qué hacer delante de la cámara.
Para eso estoy yo.
Mi manera de fotografiar a la mujer
Toda mi fotografía está atravesada por una mirada muy femenina, muy delicada y muy cuidada. Quizá por eso hago tanto embarazo.
El embarazo es uno de esos pocos momentos en los que socialmente una mujer se permite decir: fotografíame. Se permite vestirse, maquillarse, ocupar espacio, sentirse espectacular y celebrar su cuerpo.
Pero siempre pienso lo mismo. «¿Por qué necesitamos estar embarazadas para permitirnos eso?»
A los cincuenta también podemos estar en pleno esplendor. De otra manera, con otra historia y con otra energía. Pero absolutamente en esplendor. Y quizá con una libertad que a los treinta todavía no teníamos.
Verte y reconocerte
Para mí hay una diferencia enorme entre hacer una fotografía bonita y hacer una fotografía en la que te reconozcas.
No quiero convertirte en otra mujer. No quiero hacerte veinte años más joven. No quiero esconder todo lo que forma parte de ti hasta que ya no sepas quién aparece en la imagen. Quiero que puedas mirarla y pensar: sí, soy yo.
Y, si además después piensas “y me gusto”, entonces hemos conseguido algo mucho más importante que una fotografía. Porque ahí aparece una forma de aceptación que tiene mucho que ver con la libertad.
No se trata de resignarse al paso del tiempo. Se trata de dejar de pelearte constantemente con él.
Una sesión que llegó como regalo
Por eso me gusta tanto la historia con la que empezaba. Aquella mujer llegó porque alguien decidió regalarle la sesión. Y después de vivirla quiso repetir.
Me parece una manera preciosa de explicar qué puede significar este tipo de regalo. Porque regalar una sesión a una mujer que cumple 50 años no es simplemente regalarle unas fotografías. Es regalarle unas horas para ella. Una experiencia. Un espacio en el que, por una vez, no tenga que cuidar de nadie, organizar nada ni ponerse en segundo plano.
Es decirle: hoy quiero que te mires tú.
Y creo que eso puede ser uno de los regalos más bonitos que existen.
Una sesión de mujer puede ser muchas cosas
Puede ser natural, editorial, elegante, sensual, minimalista o mucho más potente. Puede partir de un vestido, de tu profesión, de la danza, del deporte, de la música, de una estética que siempre te ha fascinado o simplemente de ti.
Porque una mujer contiene muchísimas versiones de sí misma.
Y una de las cosas que más me interesa cuando trabajo es descubrir cuál quiere aparecer ese día.
Sesiones de mujer en La Garriga y Barcelona
Realizo estas sesiones en mi estudio de La Garriga, Barcelona, y recibo mujeres de Granollers, del Vallès Oriental y de Barcelona que buscan una fotografía femenina, delicada, cuidada y con una dirección muy personal.
No hay una edad correcta para hacerlo. Tampoco hace falta una razón extraordinaria. Pero cumplir 50 puede ser una excusa maravillosa.
Porque quizá después de tantos años trabajando, creando, cuidando, sosteniendo y pensando en todo lo demás, ha llegado un momento muy bonito para decir: ahora quiero verme yo. Y existir en una fotografía exactamente como eres hoy.
Si estás cerca de los 50 —o de los 45, los 55 o cualquier otra edad— y llevas años pensando que algún día te gustaría hacerte unas fotografías bonitas, quizá ese “algún día” pueda ser ahora.
Puedes descubrir aquí mis sesiones de fotografía para mujer en Barcelona y La Garriga.
Y también puedes regalar la experiencia a otra mujer.
Hay regalos que se guardan.
Y otros que cambian la manera en la que alguien se mira.
Durante años esperamos a vernos mejor.
HASTA QUE UN DÍA ENTENDEMOS QUE YA ÉRAMOS MARAVILLOSAS
Escríbeme y reservamos tu semana ideal.
